martes, 5 de enero de 2010

Desejo

Hoy cuando entre en mi casa no hubo nada que más deseara que un beso.
Me arrastré hasta la puerta con la compra en el carrito pesado y tuve el desesperado deseo que hubiese algo detrás de aquella puerta que me preguntara "¿Pero, ya has llegado?"
Y que se enfadara porque no había comprado sus galletas favoritas... Y me perdonara en seguida, con la promesa fija que yo haría la comida.
Encendería la calefacción y la tele... Y se pondría a tontear con el perro, como lo hacemos con la vida sencilla...
Una expectativa salvaje invadió mi mirada... Allí estaba la puerta, con su pintura vieja, su pomo dorado, bendecida por mi alfombra de arco iris. Esperando que alguna de las 7 llaves que llevo colgando del pantalón la pudiera abrir para finalmente entrar... Lo que deseo... el desespero... uf!


Detrás de la puerta la casa estaba fría.
Pero me esperaba mi perro, que me comió la mano a lametones y revolvió la compra: muy enfadado porque no encontraba sus galletas favoritas.

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